Siempre había presumido que este cuarteto de novelas era más bien cuatro narraciones independientes con las mismas protagonistas. Me sorprendió llegar al final de la primera y ver que quedaba en suspenso, como un final de temporada de serie de televisión (o de episodio de telenovela). Ahora sé que la autora considera La amiga estupenda, Un mal nombre, Las deudas del cuerpo y La niña perdida una novela de casi 2000 páginas que tuvo que dividir en cuatro partes.
Hubo momentos en que hubiera dejado la serie si no hubiera sido por Libby. Cuando regresaba cierto personaje, quería tener chimenea para tirar el libro en ella, pero gracias a Libby, muchas veces estaba oyendo el audiolibro. Abandonaba la novela por un tiempo, pero el formato me permitía ponerla para entretenerme mientras hacía tareas domésticas, y así pasaba esas partes y volvía a llegar a lo que me interesaba más.
Al mismo tiempo, supongo que todos los elementos tienen la misma importancia en una novela social como esta. Ciertas relaciones amorosas me interesaban menos que la amistad de Lenú y Lila; la educación política de ambas; su existencia en el contexto histórico de las luchas políticas y sociales entre 1960 y 1990. Pero no se puede hablar de las condiciones de vida de las protagonistas como mujeres de esa era sin ahondar en sus relaciones con los hombres.
Partes de estas novelas necesitaban mejor edición, sobre todo en las últimas dos. Hay repeticiones innecesarias que parecen accidentales, algunos clichés (aunque pueden ser producto de la traducción). ¿Por qué varias veces la narradora, que suele emplear un registro literario, se refiere a dejar algo por escrito como «poner negro sobre blanco»? Me parece lenguaje de periodista o de político entrevistado en la radio.
Con todo y eso, la tercera novela y la cuarta fueron mis favoritas, y valió la pena leerlas todas.












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