La cuestión del encore, ñapa o como se llame en los conciertos siempre me ha dado gracia. Que el artista tenga que fingir que no interpretará su canción más popular, y todo el público tenga que simular que le creen y pedirle que regrese. La práctica debe estar desapareciendo, de unos años para acá los artistas que he visto en vivo no lo hacen o lo acortan lo más posible para salir del paso, la banda desaparece apenas un momento para marcar el falso final y regresa rápido. Pero, con lo artificial e inútil que es, también me da risa y gusto que a menudo no tengo idea de cuál se supone que sea el mayor éxito de un artista y me vuelvo quizá la única persona en el concierto que genuinamente se sorprende al oír las primeras notas de su canción más famosa. Algo similar pasó con Bird, quizá, también, porque era un concierto con orquesta sinfónica y porque expresamente se estaba celebrando el vigésimo aniversario de The Mysterious Production of Eggs. Me tomé muy a pecho la idea de que iban a tocar canciones de ese álbum y ya, así que se me formó una sonrisa tonta en la cara cuando, cerca del final del concierto, después de una breve salida, Bird y la National Philharmonic empezaron a tocar Pulaski at Night.
Strathmore Music Center,
North Bethesda, Maryland

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