viajes

  • Untitled post 11014

    Al salir del avión, Bekka, que había tenido ventana, dijo, ¡D. C. es tan verde! Después de Las Vegas, en el descenso le había chocado el contraste con el paisaje desértico.

    Para cuando salimos del aeropuerto, me había olvidado de su comentario. Cruzando el puente peatonal hacia la estación de metro, me tomó inadvertido lo mismo. Después de ver un horizonte marrón por siete días, el verde hasta me pareció falso, era demasiado verde.

  • Dos apuntes de Las Vegas

  • Anoche leí una crónica sobre viajar en tren a lo largo de Estados Unidos. En años recientes me llama la idea de vacacionar en hoteles rodantes, de quedarme en un solo lugar y tener vida de hotel mientras el hotel se mueve y me lleva a lugares. Trenes, cruceros. Mis pocos viajes han sido vacaciones pero sin mucho descanso, excepto quizá de la mente (el cliché de necesitar vacaciones de las vacaciones). Quisiera sentir en cualquier tiempo libre el sosiego de las navidades, la sensación de que el mundo va más lento y puedo hacer menos y dormir más. Que de hecho no tengan que ser vacaciones de la mente, solo de la manera particular en que uso la mente para ganarme la vida, pero tenga suficiente tiempo de ocio para leer mucho y quizá hasta escribir.

    La vida de hotel me atrae porque es vida de comunidad pequeña y caminable: tener todo a unos pasos. No me importa la mala fama que tienen los cruceros: me suena bien la combinación de no hacer nada, poder estar tirado descansando, leyendo, como si me hubiera quedado en mi casa, y también poder decidir socializar o ver otros países algunos días para variar. Desde hace un tiempo estoy convencido de que sería una experiencia feliz para mí.

    Tomé esta foto de un tren de Amtrak desde la estación de metro de King Street. Mis experiencias con trenes hasta ahora han sido dos viajes ida y vuelta de poco tiempo, y no tomé fotos en ninguna de esas ocasiones.

  • Untitled post 10227

    En el norte de Virginia no hemos experimentado mucho la supuesta amabilidad sureña. En el Sur no consideran NoVA parte del Sur, y aunque muchas veces se diga de manera racista y xenófoba, motivado por la gran cantidad de inmigrantes en esta área, quizá lo de la amabilidad se deba a eso también. Es decir, si no puedo generalizar sobre el carácter o la idiosincrasia de la gente aquí —hay gente que no sonríe ni da los buenos días, hay gente que sí—, quizá sea porque, como se dice mucho, esta es una región de inmigrantes y transeúntes, de personas de todas partes del mundo y de Estados Unidos, con todo tipo de prácticas y maneras de relacionarse.

    Más al sur y fuera del área metropolitana de D. C., en Richmond, la gente nos parece más amigable, pero fue en Nueva Orleans, Luisiana, donde fuimos a celebrar nuestro aniversario este año, que de verdad nos sorprendió la calidez de las personas. Allí los extraños no se limitaban a dar los buenos días en la calle, sino que preguntaban ¿cómo están? y ¿qué tal su día? como si genuinamente quisieran que nos detuviéramos a decirles. Los conductores de Uber nos hacían conversación y nos contaban de sus vidas.

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