Las cosas que me obsesionan

En cierto tramo de Condado hay una serie de negocios misteriosos que siempre nos dan curiosidad cuando pasamos. No digo que sean ilícitos (de hecho, hay dos sitios que estamos bastante seguros de que son burdeles, pero por esa misma seguridad no hay misterio ni curiosidad); más bien es que tienen nombres llamativos y a la vez ambiguos. Sospechamos que son agencias de publicidad, pero no sabemos. Una en particular me dio mucha curiosidad una vez, porque el slogan era algo así como «creative thinking» o «creative ideas» y nada más. Probablemente es una agencia, pero se me ocurrió que, si fuera literalmente como lo pintan, sería mi trabajo ideal: sólo dar ideas sobre lo que sea. Algunas veces he pensado que me gustaría ser consultor, pero que no sé de qué; sólo quisiera que la gente me consultara cosas, lo que fuera.

En fin, siempre decía que debíamos apuntar uno de los números que aparecen en las fachadas, llamar, y preguntar qué rayos hacen. Quería conseguir el de «creative thinking» o no sé qué, pero cuando pasamos no volvimos a encontrarlo. En vez de eso apuntamos el de uno que no sonaba a agencia, y que llamaré «Negocio X». Grabé el número en mi celular. Isabel llamó, pero colgó, y luego no me atreví a llamar yo. De todos modos probablemente era algo aburrido. El teléfono se quedó grabado en mi celular.

Pasaron unas semanas, llegó anoche. Isabel y yo queríamos pedir de una pizzería que nos gusta. Cuando marcó el número en mi teléfono, de un menú que tenemos hace meses, en la pantalla de mi celular salió el nombre de Negocio X. Quiere decir que en algún momento Negocio X dejó de existir o de pagar el teléfono y se lo asignaron a nuestra pizzería favorita. El problema es que esto tiene que haber sido hace tiempo, porque el menú del que sacamos el número lo tenemos como desde noviembre. Pero cuando Isabel marcó ese mismo número hace unas semanas, contestaron y dijeron «Negocio X».