En los últimos días de enero, cuando Trump acaba de asentarse en la Casa Blanca y las alusiones al nazismo en los medios sociales habían subido exponencialmente, visité el Museo de Recordación del Holocausto de Estados Unidos dos veces.
El Museo del Holocausto es un museo sobre la empatía. El tema se repite, explícito e implícito, por todas las exhibiciones. La librería al salir está llena de títulos sobre la empatía y sobre la deshumanización. De hecho, todo el recorrido de la exhibición principal funciona como un experimento sobre la creación de empatía: en el vestíbulo, cada visitante agarra un librito, una “tarjeta de identidad” que cuenta la historia de una persona real durante el holocausto. Los libros están divididos en figuras masculinas y femeninas, para que cada visitante escoja a una persona de su género.
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