Archivo 2005-2020

He escrito notas y ensayos cortos en internet desde 2005, primero solo en blogs, luego también en redes sociales. Por diferentes razones, estas entradas se sienten distantes. Quería empezar un blog nuevo sin seguir arrastrándolas, pero no quería borrarlas, así que las colecciono aquí.

  • Víctimas con nombre

    Víctimas con nombre

    En los últimos días de enero, cuando Trump acaba de asentarse en la Casa Blanca y las alusiones al nazismo en los medios sociales habían subido exponencialmente, visité el Museo de Recordación del Holocausto de Estados Unidos dos veces.

    El Museo del Holocausto es un museo sobre la empatía. El tema se repite, explícito e implícito, por todas las exhibiciones. La librería al salir está llena de títulos sobre la empatía y sobre la deshumanización. De hecho, todo el recorrido de la exhibición principal funciona como un experimento sobre la creación de empatía: en el vestíbulo, cada visitante agarra un librito, una “tarjeta de identidad” que cuenta la historia de una persona real durante el holocausto. Los libros están divididos en figuras masculinas y femeninas, para que cada visitante escoja a una persona de su género.

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  • La narración y la persuasión

    La narración y la persuasión

    «No leas los comentarios” se ha vuelto un consejo vital no solo porque los comentadores suelen representar a una parte de la población ignorante y llena de odios y prejuicios, sino porque sugieren que todo es fútil.

    ¿Por qué toda la evidencia, los datos, no sirven de nada? El año pasado esta pregunta se puso de moda internacionalmente, primero con el “Brexit” y luego con la elección de Donald Trump. En ambos se vio la autocomplacencia y, luego, el fracaso de un grupo seguro de que tenía a su favor todos los datos, los expertos, la razón, sin ocurrírsele que una parte de la población o no estaba enterada de nada o había estado leyendo todo lo opuesto.

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  • Untitled post 9620

    En octubre, Xavier Valcárcel contó algo en Facebook:

    Esta mañana en la parada de la guagua en Loíza, un señor vino desde el otro lado de la calle casi directo a donde mí a preguntarme la hora. Él no me reconoció. O sí, y quizás por eso se acercó. Fue mi maestro de Álgebra en 10 y de Precálculo en 12. El mismo al que le dije en grado 12 que me aceptaron en la Escuela de Arquitectura de la UPR y no me creyó. El mismo que nos dijo “brutos” tantas y tantas veces, que por ratos nos lo creímos. Miré mi celular y le dije. Luego me fijé en que él traía reloj. Entonces dijo: “Vaya, ¿tanto teléfono pa estar a pie? Por eso este país está jodío. Mucho cuponero y poco trabajador”. Yo solo me quedé mirándolo. No estaba solo. Seguido, me reí para no contestarle. Éramos 8 personas esperando la guagua. Nos miró a todos. Conmigo se tardó un poco más.

    Recuerdo que lo leí en una fila de dos horas en la colecturía de Hato Rey y le di save post inmediatamente. En parte, el contexto que me rodeaba me hacía aún más receptivo a la anécdota. Las filas en oficinas de gobierno en Puerto Rico son lugares de conversación sobre política —pero, por supuesto, de la superficial de siempre, donde cada persona repite clichés de “analistas” de la radio y reitera formas simplistas y agujereadas de imaginar el resto del mundo, muchas basadas en anécdotas mal recordadas de algún familiar que ha vivido fuera de la Isla.

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  • “Sociólogos de pacotilla”

    “Sociólogos de pacotilla”

    En El Nuevo Día, Arys Rodríguez Andino entrevista a tres investigadores para desmentir directamente punto por punto todos los clichés y mitos que la gente repite en los comentarios cuando se habla de pobreza. Un sociólogo, un economista y una profesora de trabajo social usan datos y argumentos lógicos: las ayudas no dan para vivir, la gente quiere trabajar pero no encuentra trabajo, o sí trabaja pero “sigue bajo el nivel de pobreza porque el salario no es suficiente para salir de ahí”.

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  • La negación de la pobreza

    La negación de la pobreza

    En El Nuevo Día, Gloria Ruiz Kuilan escribe sobre las dificultades de las madres solteras que reciben el PAN. En el primer comentario, alguien pregunta si sería justo que se les multiplicaran las ayudas a estas personas que no trabajan. (Una de las madres entrevistadas trabaja limpiando habitaciones en un hotel, y la otra, en un restaurante de comida china).

    En el segundo comentario, la misma persona añade que si van a darles las ayudas, al menos deberían hacer un grado asociado o bachillerato. (Una de las entrevistadas tiene un grado asociado en ciencias de enfermería, y la otra, un bachillerato en Justicia Criminal).

    Más abajo, otra persona dice que una de las entrevistadas está gordita porque come mucha comida rápida, que debe comer saludable. (Alguien le señala que comer saludable es más caro). Otra persona que tampoco leyó el artículo comenta: “¿Si yo no me preparo profesionalmente y me va mal […], la vida es injusta?”, y asegura que las cosas salen bien cuando te educas.

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  • La gente siempre en los artículos relacionados con el PAN: «Lo que tienen que hacer es ponerse a trabajar. ¿Por qué no se ponen a sembrar? He visto que siempre están buscando gente para eso y parece que nadie quiere. No tienen incentivo por el mantengo».

    Este hombre: «Yo busco trabajo por todas partes, he sembrado hasta café y la paga es una miseria que no da para salir del PAN». 

    Tipo de abajo: «Esas son excusas baratas, ¿por qué no te has puesto a estudiar? Eso de seguro te va a ayudar, lo sé porque yo conozco ingenieros que hacen lo contrario de lo que estudiaron». 

    (¿En serio no ve la ironía? ¿Y en serio la gente no entiende que no todo el mundo tiene las circunstancias para ponerse a estudiar?)

    (Me da curiosidad eso de un ingeniero que hace lo contrario de lo que estudió. ¿Está haciendo demoliciones?)

  • Esto viene de Humans of la iupi:

    https://www.facebook.com/HOUPRRP/posts/1662848340647209:0

    En este intercambio están resumidas todas las instancias en que un bocón sabelotodo le explica a alguien que sus problemas/pobreza son culpa suya porque debió hacer esto o lo otro, sin saber de qué está hablando. Pero, más que el hecho de que esta persona hablara sin saber, me llama la atención que su sugerencia sea tan obvia y lógica: si el primer piso se inundaba, debieron dejar las cosas importantes arriba siempre, es obvio, hay que ser bien bruto para no pensar en eso…

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  • A una joven la violan, ella reporta el crimen, hay buena evidencia, la investigación va bien. Y entonces una duda sembrada por conocidas de la víctima hace que la policía dude de ella también, y la interroguen hasta que dice que todo fue mentira. La convierten en una paria de su comunidad, la llevan a corte, la hacen pagar de varias formas. Pero sí la habían violado.

    El reportaje de This American Life es una buena examinación de cómo el sistema de justicia con frecuencia fracasa gracias a la ignorancia y los prejuicios de las personas; en este caso, debido a muchos mitos que hacen a la gente dudar de las víctimas de violación, presunciones que no se sustentan sobre cómo deben actuar las personas o cómo deberían actuar las víctimas, que a veces son equivocadas por el sencillo hecho de que no todo el mundo responde igual a las cosas.

    De hecho, este error se ve también en cualquier tipo de caso criminal en que alguien dice «Me pareció sospechoso que hiciera x en vez de y», «No confío en él porque si me hubiera pasado lo que dice yo hubiera blablabla», y cualquier tontería así. Cuando uno lee sobre casos de personas inocentes acusadas de crímenes, por ejemplo, encuentra muchas citas de testigos, jurados y policías que se dejaron llevar por esas estupideces que no se sostienen.

  • Este mes se cumple el décimo aniversario de la muerte de Rosa Parks.

    Hace un tiempo, leí a alguien comentar que Parks ni siquiera pretendía un gran acto de resistencia, que solo era una doñita que no quería moverse de su asiento porque estaba cansada. La persona no lo decía de mala manera, sino como una ironía cómica. Al mismo tiempo, supongo que no se puede admirar mucho a una persona que logra su contribución histórica por un ups, a lo Forrest Gump.

    Porque este mito pinta a Parks, no como una activista y revolucionaria, sino como una mujer que no entendía lo que hacía o no le importaban los aspectos políticos, a pesar de ser una mujer negra en Alabama en plena era de segregación. Y luego, además, deja a los hombres del movimiento, los que le consiguieron atención mediática al arresto de Parks, como los verdaderos catalizadores.

    La propagación de esta versión se debe, en parte, a la conveniencia de que “limpia” la figura de Parks: permite aceptar en las escuelas una versión inocente y simpática de su historia, sin tener que reconocer la desobediencia consciente de la ley y rebelión contra el poder que conllevaron sus acciones. Se prefiere la doñita cansada a la activista, la mujer que era miembro de la NAACP e incluso secretaria de la organización en su pueblo, y ni siquiera era una «doña». En palabras de Rosa Parks:

    “People always say that I didn’t give up my seat because I was tired, but that isn’t true. I was not tired physically, or no more tired than I usually was at the end of a working day. I was not old, although some people have an image of me as being old then. I was forty-two. No, the only tired I was, was tired of giving in”.

  • Algunas preguntas sobre el salario mínimo

    Algunas preguntas sobre el salario mínimo

    Con tanta gente que critica el «welfare» porque piensa que la mayoría de los pobres no trabaja ni quiere trabajar, me extraña que el reclamo de un salario mínimo justo no sea más popular. Cuando personas de diferentes clases sociales, partidos políticos e ideologías dicen valorar el trabajo y al trabajador, y aseguran que no odian al pobre sino al vago, se esperaría que todos lucharían por un salario mínimo digno, sobre el nivel de pobreza, para que ninguna persona que trabaja sea pobre, punto. 

    Sé que una reacción común contra esta idea es indignación de que alguien en un trabajo que solo requiere un cuarto año o menos pueda ganar casi lo mismo que alguien que estudió varios años para prepararse para su carrera. (Y en Puerto Rico, por ejemplo, muchos empleos profesionales y técnicos no devengan salarios muy encima del nivel de pobreza). Reconozco que hay otras objeciones a aumentar el salario mínimo, pero quiero discutir esa queja.

    Si no quieres que el sueldo mínimo alcance el tuyo, entonces tienes que ganar más. Para eso, siempre se sugiere que estudies más, que hagas una maestría, un doctorado o una segunda concentración en algo más lucrativo. ¿Por qué no? ¿Será porque conoces gente con más grados que tú que está jodida de todos modos? ¿O porque tus circunstancias económicas o de vida actuales no te lo permiten? ¿O porque sencillamente no te interesa estudiar más: te costó mucho estudiar lo que estudiaste, prefieres aprender de otras maneras y/o la academia o especializarte así no son lo tuyo?

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