Como estaba lloviendo, Isabel le ofreció pon en el Walgreens de la Loíza a una viejita que iba a la Diez de Andino. De camino nos cuenta que pensaba ir a casa de su hermana en Bayamón, pero como no quiere guiar allá bajo la lluvia, va a decirle a su hermana que la ve el sábado o el domingo. Dice que no le gusta ir a Bayamón, que no le gusta Bayamón. Nos reímos. “No me gusta ni el nombre: Ba-ya-MÓN”, dice, poniendo énfasis en la última sílaba.