Hace años trabajaba en la librería CastleBooks, que solía estar al lado del salón de belleza de Magali Febles (por si algún día este blog no sólo lo leyera alguien, sino que lo leyeran extranjeros: es una estilista localmente famosa por su trabajo en los concursos de Miss Puerto Rico). Un día entró ella misma buscando un libro para regalar, pero insistió en que no quería saber nada de la trama ni del autor ni de la crítica. Sólo quería, decía, un libro que tuviera una portada bonita.
No hay más nada que decir. Que una persona reconocida por su trabajo con la belleza literalmente juzgara un libro por su cubierta, literalmente comprara un libro por su portada, siempre me ha parecido demasiado perfecto. Quisiera que todo en la vida fuera así.