
Agarré en Condado un desplegable para turistas con mapas de restaurantes de Viejo San Juan, Condado e Isla Verde.
De oeste a este, el mapa de Condado comienza en el Puente Dos Hermanos, y se extiende hasta rebasar el punto donde la Ashford se convierte en la McLeary y Condado en Ocean Park. Sin embargo, del lado de la paralela calle Loíza, donde las mismas calles de norte a sur se convierten en vecindario de clase trabajadora, de inmigrantes dominicanos, el mapa de Condado termina antes. Es comprensible: la realidad es que Condado/Ocean Park —la zona de interés turístico— se extiende más por el norte, bordeando la playa, que por el sur, bordeando la Baldorioty. Sin embargo, el resultado es llamativo.
Esa transformación de las calles al cruzar la Loíza, que el sector de ricos y el de clase trabajadora compartan las mismas calles, es común en las ciudades cuadriculadas. Pero es chocante en el mapa, porque según las últimas calles se mueven hacia el sur, desaparecen. No se acaba el espacio del mapa —el mapa sigue—. Pero con un hueco donde las calles se difuminan.
Casualmente, del lado de la Loíza, el mapa de Condado termina justo en la calle Delbrey, la calle contigua a la Diez de Andino, donde vivo. Hay espacio para la Diez de Andino, pero muy concientemente el artista dejó un espacio verde en su lugar.
El mapa llegó a mis manos en un momento oportuno. Desde hace unos meses mi esposa y yo estábamos buscando casa, o mejor dicho apartamento, para comprar. Es un proceso que me ha hecho pensar aún más en los márgenes invisibles, en las variables que suman y restan valor (en el mercado) a los lugares. Ese margen es muy real para nosotros. Probablemente por ese margen pudimos alquilar aquí en primer lugar, por ese margen estamos aquí ahora.