Mi abuelo estuvo en el desembarco de Normandía. Él hablaba sobre bajarse de uno de esos botes y tener que seguir moviéndose mientras a su alrededor veía a otros soldados, incluso amigos suyos, caer, sabiendo que la única razón por la que todavía no lo había cogido una bala era por azar. Para mí siempre ha sido una imagen bastante concisa de lo horrible que es la guerra. Pero también, como al final es difícil no relacionarlo con uno (¿o soy yo nada más?), siempre me ha hecho pensar en lo azaroso que es que yo exista.