Caminando por ahí, Lin me señaló a una niña que andaba sola por la calle y además estaba hablando sola, como con un amigo imaginario. Solo nos tomó un momento confirmar que no había de qué preocuparse, su mamá iba un poco más atrás y estaba pendiente de ella. Pero por un momento mágico me sentí personaje secundario de una película de Disney. Le dije a Lin que vimos lo que ven todos los personajes adultos en una de esas películas familiares en que un niño tiene un amigo invisible mágico y además tiene alguna aventura que lo lleva a improbablemente recorrer solo la ciudad a los siete años. Casi hubiera preferido no ver a la mamá y quedarme con la idea de que la niña iba camino a salvar el empleo de su papá o revelar la corrupción del empresario que quiere demoler el parque de su vecindario o algo así.

Correspóndeme

Comenta aquí o envíame un mensaje.

Deja un comentario