Hoy Isabel y yo llevamos unas cosas a reciclar y, en el proceso, ella saqueó el depósito de papel glossy en busca de revistas y libros que reciclar a su manera. Encontró varios libros y unas Time y Newsweek y Geo, en general un buen botín para ella, y sobre todo un libro de arte hermosamente diseñado titulado Paris Flea Market. Creo que el libro trata de decoración de interiores con objetos encontrados en pulgueros, pero no lo he mirado mucho. Más tarde, Isabel se lo enseñó a Joel, y ambos comentaron que era extraño que se viera nuevo, o algo así. No sé bien, no les estaba prestando atención porque estaba distraído abriendo mi nuevo iPod. Decidí comprar uno hace poco, y llevaba tiempo fantaseando, y en ese momento fantaseaba de nuevo, con la idea de poder llevar una parte considerable de mi música a todas partes en mi bolsillo, y además estaba admirando el empaquetado estiloso, perfectamente azabache y minimalista de Apple, y disfrutando de desenvolverlo. Lo abría y descubría su interior impecable de paquete de perfume, con los audífonos y el adaptador y las instrucciones en sobres justos, todo cuidadosamente distribuido. Quería terminar de pasarle toda mi música al iPod y escucharlo.
Más tarde me encontré a solas con el libro sobre la mesa. Lo ojeé un momento y vi que en la primera página había una cita: «Whoever does not visit Paris regularly will never really be elegant».
Qué pretensión, pensé. Eso no es cierto.
Recordaba el empaque de mi iPod, tan elegante.