Hace unos días vi una publicación en internet en que una persona hablaba de que se sentía sola. Y aunque obviamente empaticé con su desahogo, algo que me partió el corazón más aún fue la predecible necesidad de excusarse y justificarse aclarando que, en realidad, a ella normalmente le gusta la soledad.
Siempre me había preguntado por qué es tan difícil hablar de la soledad, no solo en el sentido de que es un tema delicado y que avergüenza a la gente, sino de que literalmente es difícil plantearlo sin que la gente te responda sobre otra cosa creyendo que te hablan de lo mismo. En la internet, cuando alguien habla de la soledad como algo negativo (como un problema personal o como la crisis de salud pública que es) rápido llegan las personas que comentan que a ellos personalmente les encanta la soledad, y el problema es que la gente no sabe estar sola. Lo tratan como una falta de los jóvenes de hoy o algo así (culpa de los celulares y las redes sociales, de seguro), como si lo normal históricamente fuera el individualismo y que la gente esté contenta de andar sola y vivir aislada, y no lo contrario.
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