Hace unos días me levanté pensando en que el silencio y la distancia nunca en toda la historia habían comunicado tanto. Obvio, porque mientras más fácil se vuelve comunicarse —cuando gastamos tantas palabras a diario en mensajes de texto y Facebook y todo lo demás, cuando estamos disponibles por tantos canales—, más peso y significado adquiere la negación de la palabra o de la presencia.

Además, la carta sin responder, el mensaje ignorado en la contestadora, el email sin respuesta, todos dejaban posibilidad de error; las cartas se pierden, las contestadoras se borran por accidente, los mensajes se filtran con el spam. Pero la tecnología va eliminando esas incertidumbres hasta que no hay margen de error. Y así, creo, ningún silencio hasta ahora había sido tan rotundo y elocuente como el «Visto» o «Seen» solitario cuando se espera una respuesta.

Me pregunto si el futuro podría inventar silencios más fuertes. No sé, tal vez nos comunicaremos telepáticamente, y podamos sentir exactamente el momento en que una persona literalmente nos saca de su mente.