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  • La narración y la persuasión

    La narración y la persuasión

    «No leas los comentarios” se ha vuelto un consejo vital no solo porque los comentadores suelen representar a una parte de la población ignorante y llena de odios y prejuicios, sino porque sugieren que todo es fútil.

    ¿Por qué toda la evidencia, los datos, no sirven de nada? El año pasado esta pregunta se puso de moda internacionalmente, primero con el “Brexit” y luego con la elección de Donald Trump. En ambos se vio la autocomplacencia y, luego, el fracaso de un grupo seguro de que tenía a su favor todos los datos, los expertos, la razón, sin ocurrírsele que una parte de la población o no estaba enterada de nada o había estado leyendo todo lo opuesto.

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  • Hace unos días me levanté pensando en que el silencio y la distancia nunca en toda la historia habían comunicado tanto. Obvio, porque mientras más fácil se vuelve comunicarse —cuando gastamos tantas palabras a diario en mensajes de texto y Facebook y todo lo demás, cuando estamos disponibles por tantos canales—, más peso y significado adquiere la negación de la palabra o de la presencia.

    Además, la carta sin responder, el mensaje ignorado en la contestadora, el email sin respuesta, todos dejaban posibilidad de error; las cartas se pierden, las contestadoras se borran por accidente, los mensajes se filtran con el spam. Pero la tecnología va eliminando esas incertidumbres hasta que no hay margen de error. Y así, creo, ningún silencio hasta ahora había sido tan rotundo y elocuente como el «Visto» o «Seen» solitario cuando se espera una respuesta.

    Me pregunto si el futuro podría inventar silencios más fuertes. No sé, tal vez nos comunicaremos telepáticamente, y podamos sentir exactamente el momento en que una persona literalmente nos saca de su mente.

  • Primitive Forms of Posting

    Primitive Forms of Posting

    Como cuenta este artículo de The New Yorker, a principios de 1937, una serie de cartas-manifiestos publicados en diferentes periódicos ingleses anunció la fundación de un movimiento llamado “Mass Observation”. La ambigüedad sintáctica del nombre, que no deja claro si se trata de una “Observación de las Masas” o una “Observación Masiva”, es apropiada, porque el proyecto en realidad proponía que las masas observaran a las masas, mantuvieran diarios de sus observaciones, y las enviaran al grupo, en una iniciativa que consideraban hija de “la antropología, la psicología y las ciencias que estudian al hombre”. Los Mass Observers, decían los manifiestos, estudiarían comportamientos y “aspectos de la vida contemporánea” y los comunicarían “a todos los observadores en términos simples, para que pudieran entender su ambiente, y así, constantemente transformarlo”. Le llamaban “an anthropology of ourselves”.

    Más tarde, el movimiento, como suelen hacer todos, comenzó a publicar proclamaciones exageradas: declaró que establecería nuevos criterios de realismo literario, que liberaría a la poesía del control de los profesionales y que, bajo el movimiento, cada persona podría ser como “Courbet frente a su caballete, Cuvier con su cadáver y Humboldt con su continente”. En otras palabras, que lo que antes estaba bajo el dominio de los expertos, ahora estaría al alcance del pueblo, y cada persona podría contribuir lo suyo, ser un artista, un anatomista o un naturalista.

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