Luego de observar la bahía por un rato se nos ocurre caminar al Morro. Cruzamos la Plaza del Quinto Centenario y decidimos comprar una chiringa.
Nos vamos al pasto y comenzamos a armar la chiringa, una Gayla (¿habrá otra marca?). A falta de un zafacón cercano, depositamos la envoltura plástica en la cartera de Isabel para botarla más tarde. Nos tomamos tiempo removiendo la etiqueta pegajosa que cubre el carrete de hilo, nos tomamos tiempo en poner la chiringa a volar. Cuando nos hemos cerciorado de que la chiringa ha subido para no volver a bajar por buen tiempo, nos tiramos al pasto para observarla y seguir desenrollándola.
(más…)