A propósito de la familia tradicional, hace un tiempo estaba corrigiendo algo en que aparecían los diez mandamientos. El décimo decía «No desearás la esposa de tu prójimo». Me sonaba mal. En español, cuando el complemento directo es una persona, usualmente lo precede la preposición ‘a’; solo se omite cuando es un objeto: deseas el sueldo de tu prójimo, deseas su carro, deseas su casa; pero deseas A la esposa de tu prójimo.
Aun así, pensé que podía ser una cita directa de alguna traducción particular de la Biblia, así que quise investigar más. Resulta que las listas de los diez mandamientos nunca son citas exactas, los mandamientos no están divididos claramente en la Biblia y los diez mandamientos son diferentes según la fuente. (Así sucede, por ejemplo, que en algunas fuentes el sexto mandamiento sea «No cometerás adulterio» y en otras sea, más generalmente, «No cometerás actos impuros»).
Este era el supuesto décimo mandamiento, y cuando busqué el texto bíblico, en realidad decía más:
No desearás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su siervo, ni su sierva, ni su toro, ni su burro, ni nada de cuanto le pertenezca.
En otras palabras, no es un mandamiento sobre la fidelidad o respetar el matrimonio. Es, en realidad, otro mandamiento sobre respetar la propiedad ajena. Y, de hecho, encontré que en otros lugares el mandamiento solo aparece como «No codiciarás los bienes ajenos».
Así que, por eso de respetar la intención del autor, lo dejé igual, “No desearás la esposa de tu prójimo”, sin la ‘a’ humanizante.
Publicado originalmente en Facebook.
