justicia

  • Untitled post 9620

    En octubre, Xavier Valcárcel contó algo en Facebook:

    Esta mañana en la parada de la guagua en Loíza, un señor vino desde el otro lado de la calle casi directo a donde mí a preguntarme la hora. Él no me reconoció. O sí, y quizás por eso se acercó. Fue mi maestro de Álgebra en 10 y de Precálculo en 12. El mismo al que le dije en grado 12 que me aceptaron en la Escuela de Arquitectura de la UPR y no me creyó. El mismo que nos dijo “brutos” tantas y tantas veces, que por ratos nos lo creímos. Miré mi celular y le dije. Luego me fijé en que él traía reloj. Entonces dijo: “Vaya, ¿tanto teléfono pa estar a pie? Por eso este país está jodío. Mucho cuponero y poco trabajador”. Yo solo me quedé mirándolo. No estaba solo. Seguido, me reí para no contestarle. Éramos 8 personas esperando la guagua. Nos miró a todos. Conmigo se tardó un poco más.

    Recuerdo que lo leí en una fila de dos horas en la colecturía de Hato Rey y le di save post inmediatamente. En parte, el contexto que me rodeaba me hacía aún más receptivo a la anécdota. Las filas en oficinas de gobierno en Puerto Rico son lugares de conversación sobre política —pero, por supuesto, de la superficial de siempre, donde cada persona repite clichés de “analistas” de la radio y reitera formas simplistas y agujereadas de imaginar el resto del mundo, muchas basadas en anécdotas mal recordadas de algún familiar que ha vivido fuera de la Isla.

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  • “Sociólogos de pacotilla”

    “Sociólogos de pacotilla”

    En El Nuevo Día, Arys Rodríguez Andino entrevista a tres investigadores para desmentir directamente punto por punto todos los clichés y mitos que la gente repite en los comentarios cuando se habla de pobreza. Un sociólogo, un economista y una profesora de trabajo social usan datos y argumentos lógicos: las ayudas no dan para vivir, la gente quiere trabajar pero no encuentra trabajo, o sí trabaja pero “sigue bajo el nivel de pobreza porque el salario no es suficiente para salir de ahí”.

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  • La negación de la pobreza

    La negación de la pobreza

    En El Nuevo Día, Gloria Ruiz Kuilan escribe sobre las dificultades de las madres solteras que reciben el PAN. En el primer comentario, alguien pregunta si sería justo que se les multiplicaran las ayudas a estas personas que no trabajan. (Una de las madres entrevistadas trabaja limpiando habitaciones en un hotel, y la otra, en un restaurante de comida china).

    En el segundo comentario, la misma persona añade que si van a darles las ayudas, al menos deberían hacer un grado asociado o bachillerato. (Una de las entrevistadas tiene un grado asociado en ciencias de enfermería, y la otra, un bachillerato en Justicia Criminal).

    Más abajo, otra persona dice que una de las entrevistadas está gordita porque come mucha comida rápida, que debe comer saludable. (Alguien le señala que comer saludable es más caro). Otra persona que tampoco leyó el artículo comenta: “¿Si yo no me preparo profesionalmente y me va mal […], la vida es injusta?”, y asegura que las cosas salen bien cuando te educas.

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  • La gente siempre en los artículos relacionados con el PAN: «Lo que tienen que hacer es ponerse a trabajar. ¿Por qué no se ponen a sembrar? He visto que siempre están buscando gente para eso y parece que nadie quiere. No tienen incentivo por el mantengo».

    Este hombre: «Yo busco trabajo por todas partes, he sembrado hasta café y la paga es una miseria que no da para salir del PAN». 

    Tipo de abajo: «Esas son excusas baratas, ¿por qué no te has puesto a estudiar? Eso de seguro te va a ayudar, lo sé porque yo conozco ingenieros que hacen lo contrario de lo que estudiaron». 

    (¿En serio no ve la ironía? ¿Y en serio la gente no entiende que no todo el mundo tiene las circunstancias para ponerse a estudiar?)

    (Me da curiosidad eso de un ingeniero que hace lo contrario de lo que estudió. ¿Está haciendo demoliciones?)

  • Esto viene de Humans of la iupi:

    https://www.facebook.com/HOUPRRP/posts/1662848340647209:0

    En este intercambio están resumidas todas las instancias en que un bocón sabelotodo le explica a alguien que sus problemas/pobreza son culpa suya porque debió hacer esto o lo otro, sin saber de qué está hablando. Pero, más que el hecho de que esta persona hablara sin saber, me llama la atención que su sugerencia sea tan obvia y lógica: si el primer piso se inundaba, debieron dejar las cosas importantes arriba siempre, es obvio, hay que ser bien bruto para no pensar en eso…

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  • A una joven la violan, ella reporta el crimen, hay buena evidencia, la investigación va bien. Y entonces una duda sembrada por conocidas de la víctima hace que la policía dude de ella también, y la interroguen hasta que dice que todo fue mentira. La convierten en una paria de su comunidad, la llevan a corte, la hacen pagar de varias formas. Pero sí la habían violado.

    El reportaje de This American Life es una buena examinación de cómo el sistema de justicia con frecuencia fracasa gracias a la ignorancia y los prejuicios de las personas; en este caso, debido a muchos mitos que hacen a la gente dudar de las víctimas de violación, presunciones que no se sustentan sobre cómo deben actuar las personas o cómo deberían actuar las víctimas, que a veces son equivocadas por el sencillo hecho de que no todo el mundo responde igual a las cosas.

    De hecho, este error se ve también en cualquier tipo de caso criminal en que alguien dice «Me pareció sospechoso que hiciera x en vez de y», «No confío en él porque si me hubiera pasado lo que dice yo hubiera blablabla», y cualquier tontería así. Cuando uno lee sobre casos de personas inocentes acusadas de crímenes, por ejemplo, encuentra muchas citas de testigos, jurados y policías que se dejaron llevar por esas estupideces que no se sostienen.

  • Algunas preguntas sobre el salario mínimo

    Algunas preguntas sobre el salario mínimo

    Con tanta gente que critica el «welfare» porque piensa que la mayoría de los pobres no trabaja ni quiere trabajar, me extraña que el reclamo de un salario mínimo justo no sea más popular. Cuando personas de diferentes clases sociales, partidos políticos e ideologías dicen valorar el trabajo y al trabajador, y aseguran que no odian al pobre sino al vago, se esperaría que todos lucharían por un salario mínimo digno, sobre el nivel de pobreza, para que ninguna persona que trabaja sea pobre, punto. 

    Sé que una reacción común contra esta idea es indignación de que alguien en un trabajo que solo requiere un cuarto año o menos pueda ganar casi lo mismo que alguien que estudió varios años para prepararse para su carrera. (Y en Puerto Rico, por ejemplo, muchos empleos profesionales y técnicos no devengan salarios muy encima del nivel de pobreza). Reconozco que hay otras objeciones a aumentar el salario mínimo, pero quiero discutir esa queja.

    Si no quieres que el sueldo mínimo alcance el tuyo, entonces tienes que ganar más. Para eso, siempre se sugiere que estudies más, que hagas una maestría, un doctorado o una segunda concentración en algo más lucrativo. ¿Por qué no? ¿Será porque conoces gente con más grados que tú que está jodida de todos modos? ¿O porque tus circunstancias económicas o de vida actuales no te lo permiten? ¿O porque sencillamente no te interesa estudiar más: te costó mucho estudiar lo que estudiaste, prefieres aprender de otras maneras y/o la academia o especializarte así no son lo tuyo?

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  • El privilegio de la especificidad

    El privilegio de la especificidad

    Llevo tiempo notando cuántos reclamos de activistas no son meramente reclamos de visibilidad, sino de especificidad, y cada semana trae noticias que me recuerdan por qué.

    Hablo, por ejemplo, de etiquetas como #iftheygunnedmedown, que utilizaron jóvenes negros estadounidenses para preguntar cuál de dos fotos los representaría si un policía los asesinara. Denunciaban la costumbre de muchos medios de representar a las víctimas negras de la Policía con fotos estereotípicas y descontextualizadas que en el imaginario blanco las identifican como thugs o criminales, en contraste con las imágenes cotidianas, personales y familiares (fotos sonrientes en graduaciones, cumpleaños, bodas…) que suelen acompañar los reportajes sobre víctimas blancas. Es decir, la práctica de omitir más esos retratos que podrían recordarle al público que la víctima era una persona con una vida llena y particular, y quizá no merecía morir en realidad. Más recientemente, el movimiento #SayHerName, que busca crear más conciencia acerca de la violencia que también sufren las mujeres negras a manos de la Policía y otras instituciones del Estado, desde su nombre alude al deseo de reconocer a las mujeres individuales que sufren anónimamente.

    Igualmente, puede decirse que la efectividad de muchos artículos y proyectos «virales» (activistas o no) está en la sorpresa y la fascinación con la especificidad de los demás, con las historias, ideas u opiniones que diferencian a las personas. Por ejemplo, una colección de fotos de personas sin hogar con letreros que dicen un dato «sorprendente» sobre ellos (una mujer que fue a escuela de modelaje, un hombre que habla cuatro idiomas, varios que tienen grados universitarios, etc.), datos que podrían resumirse en: soy una persona como tú, con rasgos y una vida por detrás. Y cuando el blog Humans of New York documentó un viaje internacional con la ONU, los lectores comentaban como sorprendidos de que las personas en países de África y el Oriente Medio cuenten historias sobre mismos, sus hijos, sus padres, como las que cuentan los transeúntes de Nueva York, con el mismo amor y con metas y preocupaciones particulares.

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  • Mandamientos

    Mandamientos

    A propósito de la familia tradicional, hace un tiempo estaba corrigiendo algo en que aparecían los diez mandamientos. El décimo decía «No desearás la esposa de tu prójimo». Me sonaba mal. En español, cuando el complemento directo es una persona, usualmente lo precede la preposición ‘a’; solo se omite cuando es un objeto: deseas el sueldo de tu prójimo, deseas su carro, deseas su casa; pero deseas A la esposa de tu prójimo.

    Aun así, pensé que podía ser una cita directa de alguna traducción particular de la Biblia, así que quise investigar más. Resulta que las listas de los diez mandamientos nunca son citas exactas, los mandamientos no están divididos claramente en la Biblia y los diez mandamientos son diferentes según la fuente.  (Así sucede, por ejemplo, que en algunas fuentes el sexto mandamiento sea «No cometerás adulterio» y en otras sea, más generalmente, «No cometerás actos impuros»).

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