“Sociólogos de pacotilla”

En El Nuevo Día, Arys Rodríguez Andino entrevista a tres investigadores para desmentir directamente punto por punto todos los clichés y mitos que la gente repite en los comentarios cuando se habla de pobreza. Un sociólogo, un economista y una profesora de trabajo social usan datos y argumentos lógicos: las ayudas no dan para vivir, la gente quiere trabajar pero no encuentra trabajo, o sí trabaja pero “sigue bajo el nivel de pobreza porque el salario no es suficiente para salir de ahí”.

Como aclara el artículo, en las estadísticas se define como desempleados a las personas que están buscando empleo. (Si no entiendes por qué no cuentan a quienes no están buscando trabajo, pregúntate cómo los contarían). Dice el sociólogo, Héctor Cordero Guzmán, sobre la supuesta vagancia de los puertorriqueños:

“No ha habido, en un período de 10 o 15 años, menos de 125 mil buscando trabajo. En algunos años hasta 200 mil. Además de eso, hay unas 170 mil personas trabajando a tiempo completo ganando salarios menores a los del nivel de pobreza”.

Si nunca hay menos de 125 000 personas buscando empleo, y en 2015 hubo 148 000 puertorriqueños que buscaban trabajo y no encontraban, está claro que el tan repetido “hay trabajo para quien realmente busca” no es cierto.

Además, como señala Cordero Guzmán, la emigración masiva, una realidad que nadie niega, es prueba de que los puertorriqueños quieren trabajar. Si sabemos que miles se están yendo a Estados Unidos a buscar trabajo, entonces no parece que la gente aquí está contenta con no trabajar.

Aquí el comentador (no lo quiero llamar comentarista) usa la evasión de siempre: obviamente algunos sí quieren trabajar, ¡nadie ha dicho que no!, el problema son los otros, los vagos que viven del mantengo.

Pero, de hecho, la emigración también desmiente esos mitos sobre las ayudas y poder vivir del “mantengo”.

La gente pinta el welfare casi como un ingreso básico universal, uno que no es automático pero sí fácil de obtener, y con solicitarlo ya tienes estabilidad (o hasta buena vida) sin trabajar, indefinidamente. Pero si fuera así, no habría razón para emigrar ni siquiera porque uno quiere trabajar. Por más deseo de trabajar que tengan, ¿se irían tantos, dejando a hijos, a padres ancianos, si tuvieran la opción de seguir buscando aquí, con calma, sostenidos por un estipendio público que provee lo necesario?

Cuando las personas no encuentran trabajo les aconsejan que se “reinventen”, que estudien algo con demanda, que comiencen un negocio… Los que emigran obviamente no carecen de iniciativa y valentía. Si no se quedaron aquí “reinventándose”, no fue por inercia, sino porque reinventarse no es igual de factible desde la precariedad, sobre todo para quien tiene hijos, padres u otros familiares que dependen de su ingreso ahora.

Lo sería si las ayudas fueran realmente como las pintan. La emigración es evidencia de que no lo son.

Los comentadores podrían notar todo esto. Pero no: se agarran de la definición de desempleado para seguir diciendo que una mayoría invisible ni trabaja ni está haciendo nada para buscar empleo. Insisten en el legendario boricua chanchullero que se las sabe todas, de alguna manera saca miles de dólares mensuales en ayudas y se da una vida de lujo:

(¿“Tele a colores”? Si algunos comentadores están escribiendo desde 1965, eso explicaría mucho).

Al final, esta es la conclusión de tantos: un sociólogo, un economista y una profesora de trabajo social, luego de una investigación exhaustiva, reafirman que la pobreza es un problema real y las ayudas son necesarias, no porque han visto que la realidad no corresponde a los cuentos populares, sino por ingenuos. Piensan que en Puerto Rico no hay un problema de abuso de las ayudas porque nunca se les ha ocurrido que alguien podría mentir o defraudar al Gobierno. Tampoco se le ha ocurrido al Gobierno federal, que deja que este fraude masivo continúe. Para saber que existe algo llamado fraude hay que tener malicia, sabiduría, calle. Los intelectuales de las universidades, con las narices metidas en sus libros, piensan que todos los seres humanos dicen la verdad y obedecen la ley todo el tiempo.

Solo la gente como “josuelo” comprende cómo son las cosas en realidad: él sabe de los cientos de boricuas que son muy vagos para trabajar pero también son expertos en el arte de la estafa, maestros del disfraz con decenas de identidades y números de seguro social que logran contravenir todas las medidas antifraude y burlar a la justicia. (Algo que ni siquiera han logrado tantos políticos, funcionarios y policías arrestados por corrupción, con todas sus conexiones y poder).

Los sabios como “josuelo” y “cienfueguero” saben que salir de la pobreza es cuestión de querer trabajar. No como esos sociólogos de pacotilla que viven en un mundo color de rosa en que los pobres son pobres porque no hay igualdad de oportunidades para todo el mundo.

Mitos de la pobreza
por Arys Rodríguez Andino
[El Nuevo Día] Expertos señalan que Puerto Rico no tiene un problema de mantengo, sino de desigualdad y falta de trabajo para las personas