Llevo tiempo notando cuántos reclamos de activistas no son meramente reclamos de visibilidad, sino de especificidad, y cada semana trae noticias que me recuerdan por qué.
Hablo, por ejemplo, de etiquetas como #iftheygunnedmedown, que utilizaron jóvenes negros estadounidenses para preguntar cuál de dos fotos los representaría si un policía los asesinara. Denunciaban la costumbre de muchos medios de representar a las víctimas negras de la Policía con fotos estereotípicas y descontextualizadas que en el imaginario blanco las identifican como thugs o criminales, en contraste con las imágenes cotidianas, personales y familiares (fotos sonrientes en graduaciones, cumpleaños, bodas…) que suelen acompañar los reportajes sobre víctimas blancas. Es decir, la práctica de omitir más esos retratos que podrían recordarle al público que la víctima era una persona con una vida llena y particular, y quizá no merecía morir en realidad. Más recientemente, el movimiento #SayHerName, que busca crear más conciencia acerca de la violencia que también sufren las mujeres negras a manos de la Policía y otras instituciones del Estado, desde su nombre alude al deseo de reconocer a las mujeres individuales que sufren anónimamente.
Igualmente, puede decirse que la efectividad de muchos artículos y proyectos «virales» (activistas o no) está en la sorpresa y la fascinación con la especificidad de los demás, con las historias, ideas u opiniones que diferencian a las personas. Por ejemplo, una colección de fotos de personas sin hogar con letreros que dicen un dato «sorprendente» sobre ellos (una mujer que fue a escuela de modelaje, un hombre que habla cuatro idiomas, varios que tienen grados universitarios, etc.), datos que podrían resumirse en: soy una persona como tú, con rasgos y una vida por detrás. Y cuando el blog Humans of New York documentó un viaje internacional con la ONU, los lectores comentaban como sorprendidos de que las personas en países de África y el Oriente Medio cuenten historias sobre sí mismos, sus hijos, sus padres, como las que cuentan los transeúntes de Nueva York, con el mismo amor y con metas y preocupaciones particulares.
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