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  • Para qué sirven los talleres literarios

    Para qué sirven los talleres literarios

    Este ensayo titulado «El fraude de los talleres literarios» ha estado corriendo por mi feed de Facebook. Andrés Hax, el autor del ensayo, pregunta si vale la pena pagarle a un experto para aprender a escribir, y contesta: «La respuesta es fácil y consiste en la lista de los grandes escritores y escritoras de toda la historia humana antes de 1936», es decir, los escritores que nunca cursaron un grado en escritura creativa, y añade: «¿Hay más debate posible contra este argumento?».

    Sí, lo hay: que no sabemos cuántos de estos escritores tenían amigos escritores con quienes compartían sus manuscritos, lectores cabales cuyas opiniones respetaban. Este es el problema con el ensayo, donde se cae todo: el taller literario no hace nada que no haga cualquier amigo escritor que respetas cuando le pasas tu cuento o tu novela.

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  • Diarios

    Diarios

    No me gusta la cuestión de mitificar a los escritores y sus procesos, pero sí me interesa el detalle, cuando lo encuentro, de cómo un escritor incorpora o incorporaba a su rutina la escritura a mano, especialmente los diarios y las libretas. Supongo que, aunque me aburren los artículos con detalles supersticiosos sobre la rutina y el «proceso creativo» del escritor, que tratan la escritura como algo místico, sí me interesa lo práctico. En este caso, la relación entre lo que un escritor escribe «para sí», quizá en libretas o en papeles sueltos, y lo que finalmente publica.

    Me parece claro, por ejemplo, que la libreta es una buena herramienta para desarrollar el hábito de escribir diariamente. La distancia que tiene un texto a mano de poder publicarse significa que es, más que cualquier otro, solo para beneficio del autor, el más borrador de los borradores. Por eso asocio la escritura privada con las libretas, a pesar de que nada impide escribir «para uno» en la computadora. Hoy día, con tantas formas de autopublicar, todo texto en pantalla parece destinado a compartirse con gente, a un paso de difundirse; se siente como si hubiera que tomar acción para no publicar algo. Pero las libretas, por esa distancia, facilitan la escritura automática, el fluir del pensamiento, escribir sin pensar tanto en el acto de escribir o en el código mismo. También impiden el perder tiempo editando y reescribiendo, porque es más trabajoso y porque no hay razón para hacerlo. Lo más cercano que tengo a diarios son libretas para este tipo de escritura.

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  • La velocidad de los años

    Una vez le pregunté a una niña cuándo había cumplido los cuatro años que tenía, y me contestó que «hace años». No dudo que le parezca tanto.

    Me pregunto si alguien ha logrado explicar por qué el tiempo parece pasar más rápido mientras más edad uno tiene. Mis últimos diez años han pasado volando, mientras que, en escuela elemental, cada cambio de un grado a otro era un evento, cada último día de clases, el final de una era.

    Será que cada año escolar me parecía una fracción significativa de la vida porque lo era: no de la totalidad de vida que viviría y viviré, sino de la que había vivido hasta el momento. ¿Será que siempre medimos el tiempo comparándolo con el tiempo acumulado? Tal vez la paciencia no se adquiere con la edad porque maduramos, sino porque dos horas son un porcentaje mayor de la vida de un niño de ocho años que de la de un adulto.

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  • Mandamientos

    Mandamientos

    A propósito de la familia tradicional, hace un tiempo estaba corrigiendo algo en que aparecían los diez mandamientos. El décimo decía «No desearás la esposa de tu prójimo». Me sonaba mal. En español, cuando el complemento directo es una persona, usualmente lo precede la preposición ‘a’; solo se omite cuando es un objeto: deseas el sueldo de tu prójimo, deseas su carro, deseas su casa; pero deseas A la esposa de tu prójimo.

    Aun así, pensé que podía ser una cita directa de alguna traducción particular de la Biblia, así que quise investigar más. Resulta que las listas de los diez mandamientos nunca son citas exactas, los mandamientos no están divididos claramente en la Biblia y los diez mandamientos son diferentes según la fuente.  (Así sucede, por ejemplo, que en algunas fuentes el sexto mandamiento sea «No cometerás adulterio» y en otras sea, más generalmente, «No cometerás actos impuros»).

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  • Me gusta retomar algo después de cuatro años y encontrar notas que me dejé que me ayudan a ubicarme, que me recuerdan dónde estaba todo y me sugieren lo próximo que debo hacer. Creo que el Áxel de 2009 era un tipo bien considerado.

    Lo triste es que, aunque es más joven, es más considerado que el Áxel de hace una semana, que siempre me está dejando parte de su trabajo a mí. Ese tipo me cae mal.

  • Como estaba lloviendo, Isabel le ofreció pon en el Walgreens de la Loíza a una viejita que iba a la Diez de Andino. De camino nos cuenta que pensaba ir a casa de su hermana en Bayamón, pero como no quiere guiar allá bajo la lluvia, va a decirle a su hermana que la ve el sábado o el domingo. Dice que no le gusta ir a Bayamón, que no le gusta Bayamón. Nos reímos. “No me gusta ni el nombre: Ba-ya-MÓN”, dice, poniendo énfasis en la última sílaba.

  • Anoche tarde, mientras trataba de dormirme, me acordé de la breve cosa que hubo como a mediados o principios de los 2000 de las personas que vivían en casas de cristal, y recibían un premio si aguantaban un mes viviendo así, observados en todo momento. Pensaba en eso anoche, y no estaba seguro si era verdad o me lo había inventado y lo había confundido con la realidad, quizás sacando elementos de algo que leí o que vi en una película, hasta que hoy pude preguntarle a Isa y me confirmó que sí, aunque parezca una metáfora barata de algo, eso pasó en la vida real.

  • Quisiera que alguien me explicara…

    Quisiera que alguien me explicara esto de que dos personas del mismo sexo no pueden criar un hijo, pero sin recurrir a fórmulas simplonas, por ejemplo: «Es que se requieren los dos opuestos para crear un balance y complementarse».

    Además de que esto me suena más a un hechizo mágico de una película de fantasía, ignora todas las complejidades del ser humano a cambio de una visión bastante aburrida, simplista y sin sentido. ¿Todos tenemos una forma de pensar y criar que corresponde exactamente con el aparato reproductor con que nacimos? Y si es así, ¿de verdad no tenemos nada más que aportar a la crianza de un ser humano que eso? ¿Eso es más relevante que todos los demás factores que podrían afectar la salud mental de un niño, más influyente que todo lo que dos personas que quieren criar un hijo juntas pueden contribuir —desde sus personalidades y experiencias particulares— a la formación de un ser humano feliz? Y si lo que aportamos viene preempacado junto con nuestros genitales y no tiene ninguna relación con quiénes somos y nuestras experiencias de vida, ¿entonces por qué tantas personas de ambos sexos son malísimos padres y madres?

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  • Tendría una amistad perfecta con alguien que me dejara preguntar todas las preguntas extrañas que se me ocurran o que saque de un tarjetero.

  • Mientras veía un video sobre por qué Barack Obama es el anticristo, encontré un video sobre por qué Lady Gaga es satánica.

    Me recordó a la escuela. Siempre he querido escribir más a fondo sobre el tipo que hacía los cassettes y las charlas sobre los «mensajes subliminales» satánicos que «encontraba» en todo (disculpen el exceso de comillas; es difícil hablar de esto con seriedad). Aunque aun en esos tiempos lo veía con escepticismo, unos años después, mirando atrás, de verdad comenzó a parecerme no solo absurdo sino indignante que un tipo que obviamente habría que calificar al menos de paranoico o esquizofrénico estuviera vendiendo sus «descubrimientos» a un montón de padres y maestros crédulos.

    Tuve una idea: crear una página web dedicada a «probar» con este tipo de «evidencia» que todos los «músicos» populares (comenzando por Justin Bieber y One Direction) son satánicos. Tendría varios propósitos: (1) sería un experimento para ver si se propaga; (2) enseñar a los jóvenes a pensar críticamente, ya que estarán motivados a cuestionar lo que se dice cuando sus padres comiencen a prohibirles a los artistas que les gustan; (3) joder.