axelalfaro

  • A una joven la violan, ella reporta el crimen, hay buena evidencia, la investigación va bien. Y entonces una duda sembrada por conocidas de la víctima hace que la policía dude de ella también, y la interroguen hasta que dice que todo fue mentira. La convierten en una paria de su comunidad, la llevan a corte, la hacen pagar de varias formas. Pero sí la habían violado.

    El reportaje de This American Life es una buena examinación de cómo el sistema de justicia con frecuencia fracasa gracias a la ignorancia y los prejuicios de las personas; en este caso, debido a muchos mitos que hacen a la gente dudar de las víctimas de violación, presunciones que no se sustentan sobre cómo deben actuar las personas o cómo deberían actuar las víctimas, que a veces son equivocadas por el sencillo hecho de que no todo el mundo responde igual a las cosas.

    De hecho, este error se ve también en cualquier tipo de caso criminal en que alguien dice «Me pareció sospechoso que hiciera x en vez de y», «No confío en él porque si me hubiera pasado lo que dice yo hubiera blablabla», y cualquier tontería así. Cuando uno lee sobre casos de personas inocentes acusadas de crímenes, por ejemplo, encuentra muchas citas de testigos, jurados y policías que se dejaron llevar por esas estupideces que no se sostienen.

  • Este mes se cumple el décimo aniversario de la muerte de Rosa Parks.

    Hace un tiempo, leí a alguien comentar que Parks ni siquiera pretendía un gran acto de resistencia, que solo era una doñita que no quería moverse de su asiento porque estaba cansada. La persona no lo decía de mala manera, sino como una ironía cómica. Al mismo tiempo, supongo que no se puede admirar mucho a una persona que logra su contribución histórica por un ups, a lo Forrest Gump.

    Porque este mito pinta a Parks, no como una activista y revolucionaria, sino como una mujer que no entendía lo que hacía o no le importaban los aspectos políticos, a pesar de ser una mujer negra en Alabama en plena era de segregación. Y luego, además, deja a los hombres del movimiento, los que le consiguieron atención mediática al arresto de Parks, como los verdaderos catalizadores.

    La propagación de esta versión se debe, en parte, a la conveniencia de que “limpia” la figura de Parks: permite aceptar en las escuelas una versión inocente y simpática de su historia, sin tener que reconocer la desobediencia consciente de la ley y rebelión contra el poder que conllevaron sus acciones. Se prefiere la doñita cansada a la activista, la mujer que era miembro de la NAACP e incluso secretaria de la organización en su pueblo, y ni siquiera era una «doña». En palabras de Rosa Parks:

    “People always say that I didn’t give up my seat because I was tired, but that isn’t true. I was not tired physically, or no more tired than I usually was at the end of a working day. I was not old, although some people have an image of me as being old then. I was forty-two. No, the only tired I was, was tired of giving in”.

  • Algunas preguntas sobre el salario mínimo

    Algunas preguntas sobre el salario mínimo

    Con tanta gente que critica el «welfare» porque piensa que la mayoría de los pobres no trabaja ni quiere trabajar, me extraña que el reclamo de un salario mínimo justo no sea más popular. Cuando personas de diferentes clases sociales, partidos políticos e ideologías dicen valorar el trabajo y al trabajador, y aseguran que no odian al pobre sino al vago, se esperaría que todos lucharían por un salario mínimo digno, sobre el nivel de pobreza, para que ninguna persona que trabaja sea pobre, punto. 

    Sé que una reacción común contra esta idea es indignación de que alguien en un trabajo que solo requiere un cuarto año o menos pueda ganar casi lo mismo que alguien que estudió varios años para prepararse para su carrera. (Y en Puerto Rico, por ejemplo, muchos empleos profesionales y técnicos no devengan salarios muy encima del nivel de pobreza). Reconozco que hay otras objeciones a aumentar el salario mínimo, pero quiero discutir esa queja.

    Si no quieres que el sueldo mínimo alcance el tuyo, entonces tienes que ganar más. Para eso, siempre se sugiere que estudies más, que hagas una maestría, un doctorado o una segunda concentración en algo más lucrativo. ¿Por qué no? ¿Será porque conoces gente con más grados que tú que está jodida de todos modos? ¿O porque tus circunstancias económicas o de vida actuales no te lo permiten? ¿O porque sencillamente no te interesa estudiar más: te costó mucho estudiar lo que estudiaste, prefieres aprender de otras maneras y/o la academia o especializarte así no son lo tuyo?

    (más…)
  • El privilegio de la especificidad

    El privilegio de la especificidad

    Llevo tiempo notando cuántos reclamos de activistas no son meramente reclamos de visibilidad, sino de especificidad, y cada semana trae noticias que me recuerdan por qué.

    Hablo, por ejemplo, de etiquetas como #iftheygunnedmedown, que utilizaron jóvenes negros estadounidenses para preguntar cuál de dos fotos los representaría si un policía los asesinara. Denunciaban la costumbre de muchos medios de representar a las víctimas negras de la Policía con fotos estereotípicas y descontextualizadas que en el imaginario blanco las identifican como thugs o criminales, en contraste con las imágenes cotidianas, personales y familiares (fotos sonrientes en graduaciones, cumpleaños, bodas…) que suelen acompañar los reportajes sobre víctimas blancas. Es decir, la práctica de omitir más esos retratos que podrían recordarle al público que la víctima era una persona con una vida llena y particular, y quizá no merecía morir en realidad. Más recientemente, el movimiento #SayHerName, que busca crear más conciencia acerca de la violencia que también sufren las mujeres negras a manos de la Policía y otras instituciones del Estado, desde su nombre alude al deseo de reconocer a las mujeres individuales que sufren anónimamente.

    Igualmente, puede decirse que la efectividad de muchos artículos y proyectos «virales» (activistas o no) está en la sorpresa y la fascinación con la especificidad de los demás, con las historias, ideas u opiniones que diferencian a las personas. Por ejemplo, una colección de fotos de personas sin hogar con letreros que dicen un dato «sorprendente» sobre ellos (una mujer que fue a escuela de modelaje, un hombre que habla cuatro idiomas, varios que tienen grados universitarios, etc.), datos que podrían resumirse en: soy una persona como tú, con rasgos y una vida por detrás. Y cuando el blog Humans of New York documentó un viaje internacional con la ONU, los lectores comentaban como sorprendidos de que las personas en países de África y el Oriente Medio cuenten historias sobre mismos, sus hijos, sus padres, como las que cuentan los transeúntes de Nueva York, con el mismo amor y con metas y preocupaciones particulares.

    (más…)
  • Hace unos días me levanté pensando en que el silencio y la distancia nunca en toda la historia habían comunicado tanto. Obvio, porque mientras más fácil se vuelve comunicarse —cuando gastamos tantas palabras a diario en mensajes de texto y Facebook y todo lo demás, cuando estamos disponibles por tantos canales—, más peso y significado adquiere la negación de la palabra o de la presencia.

    Además, la carta sin responder, el mensaje ignorado en la contestadora, el email sin respuesta, todos dejaban posibilidad de error; las cartas se pierden, las contestadoras se borran por accidente, los mensajes se filtran con el spam. Pero la tecnología va eliminando esas incertidumbres hasta que no hay margen de error. Y así, creo, ningún silencio hasta ahora había sido tan rotundo y elocuente como el «Visto» o «Seen» solitario cuando se espera una respuesta.

    Me pregunto si el futuro podría inventar silencios más fuertes. No sé, tal vez nos comunicaremos telepáticamente, y podamos sentir exactamente el momento en que una persona literalmente nos saca de su mente.

  • Quizá esto no me tenga sentido después, pero cuando me encontraba tratando de descifrar la ducha en la casa de mi cuñado, en ese proceso de girar poco a poco la llave e ir sintiendo el agua con la mano, tratando de descubrir y modular el temperamento particular de este calentador, de repente me pareció que en esos movimientos tentativos se resumen visualmente todos los gestos de acostumbrarme a un lugar extraño, de tratar de sentirme cómodo en un espacio ajeno. O al menos eso fue lo que pensé parado ahí, metiendo la mano en el agua desde el borde de la ducha, cosa de que no vaya a caerme de repente una cascada de agua helada si hago algo mal.

  • «Para mí que esto es Santurce»,  nos dice la agente de bienes raíces en el lobby de un edificio al borde de la Baldorioty, «pero en la oficina me dijeron que dijera que es Condado».

  • La cajera del To Go siempre me pregunta, estás seguro que no quieres ponerle bolsa doble, si yo fuera tú le pondría bolsa doble. Y yo siempre le digo, no, la bolsa sola llega hasta mi casa. Pero a pesar de que hemos tenido esta conversación antes y sé que llega, siempre me pregunto, ¿llegará? Miro la bolsa y me la imagino rompiéndose y mi comprita cayéndose bajo la lluvia, quizá todavía empezando el camino, frente a los hipsters que beben cerveza frente al To Go, o a mitad, frente a la vitrina de Basilia’s y toda la gente que está comiendo ahí. ¿Y por qué en mi imaginación la bolsa tiene que romperse frente a gente, como si lo peor, si ocurriera, fuera que otros lo vean?

    Todo esto es metáfora de algo pero no sé de qué.

  • Admiro a esas personas para quienes cualquiera que no piense como ellos se está emperrando en contrariar por joder, para quienes cualquiera que hace algo de otra manera solo quiere ser diferente para llamar la atención. Envidio esa seguridad que da por sentado que el estado natural del ser humano es pensar y ser como tú, y cualquier divergencia es un invento, una afectación para sobresalir. Que tu voluntad es la dirección natural de las cosas, que tus deseos están impulsados por una fuerza tan natural como la gravedad y solo se pueden contrarrestar con algún esfuerzo consciente, y nunca es que simplemente otros tienen sus propias preferencias, deseos, gustos y metas porque eso es ser una persona.

  • Mi abuelo estuvo en el desembarco de Normandía. Él hablaba sobre bajarse de uno de esos botes y tener que seguir moviéndose mientras a su alrededor veía a otros soldados, incluso amigos suyos, caer, sabiendo que la única razón por la que todavía no lo había cogido una bala era por azar. Para mí siempre ha sido una imagen bastante concisa de lo horrible que es la guerra. Pero también, como al final es difícil no relacionarlo con uno (¿o soy yo nada más?), siempre me ha hecho pensar en lo azaroso que es que yo exista.