Notas

  • Mientras veía un video sobre por qué Barack Obama es el anticristo, encontré un video sobre por qué Lady Gaga es satánica.

    Me recordó a la escuela. Siempre he querido escribir más a fondo sobre el tipo que hacía los cassettes y las charlas sobre los «mensajes subliminales» satánicos que «encontraba» en todo (disculpen el exceso de comillas; es difícil hablar de esto con seriedad). Aunque aun en esos tiempos lo veía con escepticismo, unos años después, mirando atrás, de verdad comenzó a parecerme no solo absurdo sino indignante que un tipo que obviamente habría que calificar al menos de paranoico o esquizofrénico estuviera vendiendo sus «descubrimientos» a un montón de padres y maestros crédulos.

    Tuve una idea: crear una página web dedicada a «probar» con este tipo de «evidencia» que todos los «músicos» populares (comenzando por Justin Bieber y One Direction) son satánicos. Tendría varios propósitos: (1) sería un experimento para ver si se propaga; (2) enseñar a los jóvenes a pensar críticamente, ya que estarán motivados a cuestionar lo que se dice cuando sus padres comiencen a prohibirles a los artistas que les gustan; (3) joder.

  • Papel o píxel

    Hace varios años hablaba con un profesor sobre el uso de la computadora para escribir. Él decía que no podía hacerlo, que siempre escribía en papel primero y luego lo pasaba. Yo, por mi parte, prefiero teclear. La prosa de mis escritores favoritos la admiro más aún cuando recuerdo que literalmente tachaban, cortaban, pegaban y reescribían a la hora de revisar y autoeditarse. Pero uso la computadora felizmente porque me ahorra ese trabajo, y eso le dije al profesor.

    Sin embargo, luego de pensarlo mejor me corregí y dije que, claro, me refería a la prosa, porque la poesía la escribía en papel. Entonces él estuvo de acuerdo con eso, los dos lo repetimos como una obviedad: por supuesto que la poesía uno la escribe en papel primero.

    Pero más tarde me puse a pensar: ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia?

    Los pocos poemas que he escrito desde entonces los escribí en la computadora.

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  • Márgenes

    Agarré en Condado un desplegable para turistas con mapas de restaurantes de Viejo San Juan, Condado e Isla Verde.

    De oeste a este, el mapa de Condado comienza en el Puente Dos Hermanos, y se extiende hasta rebasar el punto donde la Ashford se convierte en la McLeary y Condado en Ocean Park. Sin embargo, del lado de la paralela calle Loíza, donde las mismas calles de norte a sur se convierten en vecindario de clase trabajadora, de inmigrantes dominicanos, el mapa de Condado termina antes. Es comprensible: la realidad es que Condado/Ocean Park —la zona de interés turístico— se extiende más por el norte, bordeando la playa, que por el sur, bordeando la Baldorioty. Sin embargo, el resultado es llamativo.

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  • «Flâneurs», «tramps» y el acto de largarse

    Como el contraste más obvio entre Europa y el Nuevo Mundo es la vastedad de territorio virgen, es interesante que lo más comparable que produjeran las Américas al flâneur francés fuera el llamado “tramp” estadounidense, el indigente de la Depresión que viajaba por todo el país trepando trenes de carga. En las Américas sobraba el espacio, y el tramp, por no dejarse convertir en víctima involuntaria de la escasez de la Depresión, decidía no hacer ningún intento de volver al trabajo regular. Con el crecimiento de la población desempleada y deambulante, muchos romantizaron el estilo de vida del tramp, e incluso hubo quienes dejaron su trabajo voluntariamente para unirse a la revolución accidental.

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  • Los fractales y la piedra de Isabel

    Los fractales y la piedra de Isabel

    La geometría fractal, a diferencia de la geometría de cuadrados y esferas que nos enseñan en la escuela, describe formas que para algunos tienen más relación con la naturaleza que conocemos. En el mundo natural no hay círculos ni cubos perfectos, pero sí hay formas fractales como nubes y copos de nieve. Hace años, el matemático Benoît Mandelbrot encontró, entre las características definidoras de los fractales, su tendencia a la recursión: esa estructura de juego de espejos en que la misma forma básica se repite en todas las escalas. Por ejemplo, una montaña vista desde la distancia, un pico de esa montaña y una piedra de ese pico tienen la misma forma fractal, son auto similares.

    Isabel encontró esta piedra hace 10 años en la playa de Ocean Park.

  • yoPod

    Hoy Isabel y yo llevamos unas cosas a reciclar y, en el proceso, ella saqueó el depósito de papel glossy en busca de revistas y libros que reciclar a su manera. Encontró varios libros y unas Time y Newsweek y Geo, en general un buen botín para ella, y sobre todo un libro de arte hermosamente diseñado titulado Paris Flea Market. Creo que el libro trata de decoración de interiores con objetos encontrados en pulgueros, pero no lo he mirado mucho. Más tarde, Isabel se lo enseñó a Joel, y ambos comentaron que era extraño que se viera nuevo, o algo así. No sé bien, no les estaba prestando atención porque estaba distraído abriendo mi nuevo iPod. Decidí comprar uno hace poco, y llevaba tiempo fantaseando, y en ese momento fantaseaba de nuevo, con la idea de poder llevar una parte considerable de mi música a todas partes en mi bolsillo, y además estaba admirando el empaquetado estiloso, perfectamente azabache y minimalista de Apple, y disfrutando de desenvolverlo. Lo abría y descubría su interior impecable de paquete de perfume, con los audífonos y el adaptador y las instrucciones en sobres justos, todo cuidadosamente distribuido. Quería terminar de pasarle toda mi música al iPod y escucharlo.

    Más tarde me encontré a solas con el libro sobre la mesa. Lo ojeé un momento y vi que en la primera página había una cita: «Whoever does not visit Paris regularly will never really be elegant».

    Qué pretensión, pensé. Eso no es cierto.

    Recordaba el empaque de mi iPod, tan elegante.

  • Hace años trabajaba en la librería CastleBooks, que solía estar al lado del salón de belleza de Magali Febles (por si algún día este blog no sólo lo leyera alguien, sino que lo leyeran extranjeros: es una estilista localmente famosa por su trabajo en los concursos de Miss Puerto Rico). Un día entró ella misma buscando un libro para regalar, pero insistió en que no quería saber nada de la trama ni del autor ni de la crítica. Sólo quería, decía, un libro que tuviera una portada bonita.

    No hay más nada que decir. Que una persona reconocida por su trabajo con la belleza literalmente juzgara un libro por su cubierta, literalmente comprara un libro por su portada, siempre me ha parecido demasiado perfecto. Quisiera que todo en la vida fuera así.

  • Isabel Batteria escribe en su blog, Nada del Mundo Real:

    Tengo dos medio hermanos, quienes tienen, a su vez, dos medio hermanos además de mí: mi papá tuvo a Annmarie y Vincent con una mujer, luego a mí con mi mamá. La madre de A y V luego tuvo con otro hombre a Jason y Justin. (Con ellos no comparto ni una gota de sangre, y he visto a sólo uno de ellos una vez en mi vida, pero me da gracia de qué forma estamos unidos en el “network”.)

    Hoy me di cuenta de que la madre de mis medio hermanos, después de divorciarse de Batteria, se casó con un tal Drum. Al principio pensé que era un chiste, pero no: el papá de Jason y Justin se apellida Drum. Lo que todavía no sé es si habrá sido a propósito.

    Lo sumo a mi archivo de Realismo inverosímil.

  • Las cosas que me obsesionan

    En cierto tramo de Condado hay una serie de negocios misteriosos que siempre nos dan curiosidad cuando pasamos. No digo que sean ilícitos (de hecho, hay dos sitios que estamos bastante seguros de que son burdeles, pero por esa misma seguridad no hay misterio ni curiosidad); más bien es que tienen nombres llamativos y a la vez ambiguos. Sospechamos que son agencias de publicidad, pero no sabemos. Una en particular me dio mucha curiosidad una vez, porque el slogan era algo así como «creative thinking» o «creative ideas» y nada más. Probablemente es una agencia, pero se me ocurrió que, si fuera literalmente como lo pintan, sería mi trabajo ideal: sólo dar ideas sobre lo que sea. Algunas veces he pensado que me gustaría ser consultor, pero que no sé de qué; sólo quisiera que la gente me consultara cosas, lo que fuera.

    En fin, siempre decía que debíamos apuntar uno de los números que aparecen en las fachadas, llamar, y preguntar qué rayos hacen. Quería conseguir el de «creative thinking» o no sé qué, pero cuando pasamos no volvimos a encontrarlo. En vez de eso apuntamos el de uno que no sonaba a agencia, y que llamaré «Negocio X». Grabé el número en mi celular. Isabel llamó, pero colgó, y luego no me atreví a llamar yo. De todos modos probablemente era algo aburrido. El teléfono se quedó grabado en mi celular.

    Pasaron unas semanas, llegó anoche. Isabel y yo queríamos pedir de una pizzería que nos gusta. Cuando marcó el número en mi teléfono, de un menú que tenemos hace meses, en la pantalla de mi celular salió el nombre de Negocio X. Quiere decir que en algún momento Negocio X dejó de existir o de pagar el teléfono y se lo asignaron a nuestra pizzería favorita. El problema es que esto tiene que haber sido hace tiempo, porque el menú del que sacamos el número lo tenemos como desde noviembre. Pero cuando Isabel marcó ese mismo número hace unas semanas, contestaron y dijeron «Negocio X».

  • Untitled post 3584

    Ella me enseñaba una alcancía que su mamá le compró en Nueva York hace diecisiete años. Era una alcancía mágica. Dentro del cubo hay una esfera dorada suspendida en el aire; le echaba cambio y cambio sin que cambiara el paisaje cúbico, sólo el mismo globo flotante y solitario tras la ventana, como si la ranura fuera el lado ancho de un hoyo negro, y el dinero se depositara en el bolsillo de la realidad. Cuando termina la demostración, se ríe de mi cara de asombro. No puedo evitarlo, la verdad es que la alcancía me parece una maravilla. Ella dice, como si fuera lo más elemental del mundo, que es un juego de espejos, y que se nota si miras a través de la ventana desde ciertos ángulos. Asombrado, le doy vueltas al cubo; lo invierto, lo elevo, lo giro todos los grados, lo pongo bajo la luz amarilla de una lámpara, fuerzo la vista, pero no veo nada delator.

    No sé nada de trucos chinos ni de ilusiones ópticas. Quería coger la alcancía y llevármela a fiestas, estaba seguro de que la gente se reiría y le aplaudiría, que a todo el mundo le entusiasmaría como a mí. En ese momento, me sentí tristemente identificado con la alcancía, la alcancía me definía y me resumía —22 años y no sé un carajo, y me impresionan estas cosas, me impresiona esta alcancía de fondo falso.